La entrada a la Sierra Morena cordobesa
Sierra Morena no es, en general, una cordillera de grandes puertos, ni grandes picos de referencia en lo que respecta a altitud. Sin embargo, su belleza estriba en la enorme cantidad de cerros y collados, conectados con sinuosas carreteras, de buen firme generalmente, y con un bajísimo tráfico.
CARRETERAS SOLITARIAS. COLLADOS INFINITOS.
Quienes disfruten del ciclismo de carretera encontrarán en esta segunda mitad del recorrido un paraíso para rodar más cómodos, conservando una vista espectacular en cada horizonte.
Ahora bien, que nadie se llame a engaño con respecto a la dureza: puede que no haya puertos largos, pero el continuo sube y baja es muy exigente, sobre todo cuando las fuerzas empiezan a flaquear.
SALIENDO DE LAS ALDEAS DE FUENTE OBEJUNA
Antes de llegar al Parque Natural de Hornachuelos, Balutia discurre por Fuenteobejuna y algunas de sus aldeas. Un territorio de bosque menos montañoso, pero que sirve de calentamiento para lo que viene después.
Es más que una recomendación cargar una buena cantidad de agua y algo de alimento antes de abandonar las aldeas y adentrarse en el Parque Natural. El Bar Paqui, en La Cardenchosa, es un buen lugar donde recargar energía, y cuenta con un horario amplio.
San Calixto: silencio, clausura y sierra
Poco antes de llegar a la localidad de Hornachuelos, que marca el punto más al sur de Balutia, el recorrido pasa junto al Convento de San Calixto.
En un tramo recto flanqueado por enormes eucaliptos, este pequeño monasterio de Carmelitas Descalzas se asienta en medio de la sierra.
Un lugar donde detenerse a observar, o quizá donde coger inspiración. Al fin y al cabo, las monjas que habitan el convento llevan una vida monástica mucho más austera que tú, querida y querido ultraciclista.
El origen del lugar se remonta al antiguo Monasterio del Tardón, fundado en el siglo XVI por el ermitaño Mateo de la Fuente, discípulo de San Juan de Ávila, en un paraje de alcornoques y jaras cercano a Hornachuelos. En 1940 fue adquirida la finca por el marqués consorte de Salinas, que puso el edificio al servicio de la comunidad de la orden de las Carmelitas Descalzas.
En la actualidad la comunidad monástica habita un entorno de clausura plena: unas quince monjas dedicadas a la contemplación, sin teléfono ni correo electrónico público, elaboran de forma artesanal jabones, mantelerías bordadas, figuras sacras u otros objetos para sostener la vida del cenobio.
Hoy, ese mismo lugar mantiene un halo de recogimiento difícil de encontrar en otras zonas de la ruta. Para quien pedalea Balutia, puede convertirse en un momento inesperado de pausa: el sonido del viento, los alcornoques que se cierran a ambos lados y la sensación de estar rodando por un territorio donde la historia, la espiritualidad y la naturaleza se mezclan con absoluta tranquilidad.
Texto y fotografía David Molina @davidmolinagrande
A los pedales: Lucas Silva @lucasssssilva78
Si quieres venir a Balutia: